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“Hay historias que brillan por fuera… pero apagadas por dentro.”

  • 19 mar
  • 4 Min. de lectura

Lo más difícil es que ninguno de los dos lo dice

Hace algunos días, en una conversación de café, me descubrí hablando como buen opinólogo, sobre la diferencia entre éxito y plenitud.

Hablaba con seguridad, con argumentos, con esa claridad que a veces aparece cuando uno cree que ya entendió algo.

Hablaba sobre el paradigma del éxito, como lo aprendimos, suele medirse en lo visible: logros, dinero, reconocimiento, posición.Y que, aunque todo eso tiene su lugar, muchas veces deja una sensación silenciosa… como que algo falta.

Por otro lado, la plenitud no se presume.Se siente.

Es más íntima. Más difícil de explicar para mí.Pero cuando aparece, no necesita validación. Esa forma de mirar la vida me llevó, hace algunos años, a tomar una decisión muy incómoda:renunciar a una carrera en ingeniería para construir algo que tuviera más sentido para mí, esto lo he dicho muchas veces.

Así nació Spersonal.No como una idea de negocio, sino como consecuencia de una búsqueda interior.

Desde ese día del café, esa conversación no se ha ido de mi mente.Y en los últimos días empezó a tomar otra forma:

¿Es posible traducir esta distinción al lenguaje de las relaciones de pareja?

Por Asman Ortiz

Así como en la vida, en el amor también aprendimos a elegir bajo ciertos criterios.

Sin darnos cuenta, muchas veces buscamos una relación que “funcione”, que sea económicamente estable, que cumpla expectativas sociales, que tenga buena imagen, que encaje en lo que “debería ser”. Por años hemos aprendido a elegir así.

Elegimos desde la estructura, desde lo lógico, desde lo que parece correcto.

Y tal vez no está mal.

Pero desde mi experiencia existe otra posibilidad.

Elegir desde la plenitud implica mirar distinto:

  • ¿Cómo me siento siendo yo en esta relación?

  • ¿Puedo ser auténtico sin miedo?

  • ¿Hay conexión real o solo coincidencia funcional?

Aquí ya no se trata de cómo se ve la relación, sino de cómo se experimenta.

Muchos de nuestros criterios no son conscientes, son heredados, aprendimos a elegir pareja como aprendimos a definir el éxito, observando, imitando y adaptándonos.

A veces elegimos, estabilidad antes que conexión, comodidad antes que autenticidad, compañía antes que profundidad.

Y eso también tiene sentido para mí, así se han sostenido muchas relaciones por muchos años.

Pero el problema no es elegir así, el problema es no cuestionarlo nunca.

Si alguien decide abrir esa conversación consigo mismo, hay preguntas que incomodan, pero revelan algunas cosas:

  • ¿Elegí a esta persona por lo que sentía o por lo que representaba en mi vida?

  • ¿Si nadie pudiera ver mi relación, la seguiría eligiendo igual?

  • ¿Estoy construyendo una relación o sosteniendo una estructura solo por rutina?

No son preguntas para responder rápido, son preguntas para quedarse con ellas.

Después de conocer tantas historias por mi trabajo he aprendido algunas cosas que quiero compartir y aquí es donde la conversación se vuelve más delicada.

Porque no se trata de teorizar, sino de mirar lo que ya existe.

Estas preguntas talvez pueden ayudar a ubicarte:

  • ¿Cuándo fue la última vez que me sentí realmente conectado con mi pareja?

  • ¿Qué tanto de mí estoy dejando fuera para que esto funcione?

  • ¿Nos estamos eligiendo o simplemente seguimos juntos?

A veces no hay crisis, pero tampoco hay profundidad.

Y eso es más difícil de mirar por que es muy común que ninguno lo habla.

Hay relaciones que funcionan perfectamente en lo externo: hay acuerdos, hay estabilidad y hay orden, pero por dentro… hay mucha distancia.

No necesariamente hay conflicto, pero tampoco hay una conexión.

En esos casos, la relación puede sostenerse durante años. Cumplir con todo, verse bien, pero lentamente se han dejado de sentir, de estas historias he tenido la fortuna de celebrar muchas y veo como se pueden transformar.

Cuando una relación tiene estas características suele llevar a una desconexión emocional, conversaciones superficiales, sensación de estar acompañado… pero no ser visto

Una relación orientada a la plenitud no es perfecta, de hecho, creo que suele ser más incómoda a veces.

Porque implica: decir lo que cuesta decir, escuchar lo que no siempre gusta, crecer, incluso cuando eso incomoda.

Pero también tiene algo distinto: hay presencia, hay autenticidad, hay elección constante

No se trata de evitar problemas, se trata de habitar la relación con conciencia.

Creo que no es elegir una y descartar la otra, una relación sólida puede tener profundidad (plenitud) y estructura (éxito). Pero el orden aquí sí importa.

Cuando la plenitud es la base, la estructura se vuelve consecuencia, cuando la estructura es la base, la plenitud no está garantizada.

Pequeñas acciones para cambiar el rumbo.

No todo requiere decisiones drásticas. A veces, el cambio empieza en lo cotidiano:

  • abrir una conversación que has evitado

  • escuchar sin preparar respuesta

  • preguntar desde la curiosidad, no desde la defensa

  • crear espacios sin distracciones para realmente verse

  • dejar de asumir y empezar a preguntar

La plenitud no aparece sola, aparece después de auto observarse.

No todas las relaciones necesitan empezar de nuevo.Algunas necesitan empezar a ser auténticas, quitarse las máscaras y empezar a hablar con amor lo que se ha mantenido en silencio.

Y no todas las historias están destinadas a romperse, algunas están esperando ser vistas de otra manera.

Tal vez la pregunta no es si tu relación es exitosa o plena.

Tal vez la pregunta es:

¿Desde dónde la estás experimentando hoy?

Aún si descubres que algo no está como te gustaría, eso no es el final.

Es el inicio de una mirada más honesta, más consciente.Más tuya.

Si sientes que tu relación necesita algo más que solo funcionar,y quieres volver a sentir lo que los unió en primer lugar, tal vez no necesitas un gran cambio, tal vez necesitas un momento con intención.

En Spersonal diseñamos experiencias que no solo buscan impresionar (aunque si lo hacemos) … buscan reconectar.

Porque hay historias que no necesitan verse perfectas, solo necesitan ayuda para volver a sentirse.

 
 
 

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