Cerrar los ojos para abrir el corazón
- spersonalmx
- 20 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Cuando un hombre se deja sorprender: lo que ocurre tras la coraza
En más de siete años diseñando experiencias románticas privadas, he visto muchas cosas: declaraciones de amor extraordinarias, motivos aniversarios, reconciliaciones imposibles, etc. Pero hay algo que se repite con más frecuencia de la que tal vez podrías: cuando es la mujer la que decide sorprender a su pareja hombre, muchas veces me encuentro con una barrera inesperada.
Son hombres proveedores, trabajadores, responsables, fuertes. Pero también son desconfiados, controladores, incapaces de dejarse guiar sin preguntar cada detalle. No quieren cerrar los ojos, no permiten que los lleven de la mano sin saber a dónde. Es como si la idea de ser sorprendidos los pusiera en riesgo.

Por Asman Ortiz
Y, sin embargo, he sido testigo de un momento que lo cambia todo: cuando finalmente se rinden ante la experiencia, la decoración, el saxofonista presente y el gesto de amor los envuelve, entonces aparece algo que parecía oculto para siempre: sus emociones. Y sí, algunos incluso lloran.
El “macho proveedor”: un hombre entrenado para no sentir
Este tipo de hombre encarna lo que culturalmente llamamos “el proveedor”: serio, poco detallista, desconfiado, alguien que confunde el control con el cuidado. Creció con la creencia de que mostrar emociones lo hacía débil, que ser sorprendido lo hacía vulnerable.
En el fondo, no se trata de rudeza, sino de protección. Proveen porque creen que el amor se gana cumpliendo. Controlan porque temen al caos. No son detallistas porque nunca les enseñaron recibir ternura sin sentirse pequeños.
El instante en que la coraza se quiebra.
Cuando un hombre de este perfil entra en una experiencia romántica, se resiste. Pero algo ocurre cuando cruza el umbral del evento: la mesa iluminada, el vino servido, la mujer que lo mira con amor sin pedir nada más.
Ese instante revela lo que estaba escondido: el niño interior que no aprendió a ser celebrado.Entonces, la rigidez se transforma en silencio. El control se convierte en mirada agradecida. Y, a veces, los ojos que no querían cerrarse se llenan de lágrimas que llevaban años esperando salir.
Lo que cambia a partir de ese momento.
No tengo pruebas científicas, pero sí tengo imágenes grabadas en mi memoria: algo cambia en ellos y lo veo.
A partir de esa noche, aunque no puedo seguirlos después, sé que se abren nuevas posibilidades para la pareja. Porque cuando un hombre se permite bajar la guardia, cuando descubre que ser sorprendido no lo hace débil sino amado, algo se mueve en su manera de estar en la relación.
Quizás desde ese día ya no es el mismo. Quizás ya no vuelve a mirar igual el detalle que antes despreciaba. Y aunque yo solo sea un testigo fugaz, me quedo con la esperanza de lo que esa pareja puede llegar a construir.
¿Qué muro levantas cuando alguien intenta sorprenderte?
¿En qué áreas de tu vida has confundido control con cuidado?
¿Qué tanto permites que tu pareja te ame de maneras que no entiendes?
¿Cuánto peso cargas solo porque no sabes cómo recibir ayuda?
Si tú eres ese hombre que teme soltar el control, quiero decirte algo:No pierdes nada al dejarte sorprender, lo que puedes ganar es volver a sentir.
Y si eres quien ama a ese hombre, no te canses de recordarle que detrás de su dureza también hay ternura. A veces basta una sola experiencia, un solo instante de entrega, para que un muro de años se convierta en un puente.
Porque en el amor, lo más valiente no siempre es sostener, a veces, lo más valiente es cerrar los ojos y dejarse sorprender.



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