Todos los hombres son iguales
- spersonalmx
- 21 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Y el peligro silencioso de las certezas
Hace unos días, mientras hacía fila para cruzar a San Diego, fui testigo, sin proponérmelo, de una conversación que se quedó conmigo más tiempo del esperado.
Delante de mí, una joven compartía con quien la acompañaba el dolor de haber descubierto una infidelidad. No era la primera vez. En su voz había tristeza, decepción, pero también algo más profundo. Algo que hacía que su voz vibrara diferente, que parecía que ya estaba decidido.

Por Asman Ortiz
Con absoluta seguridad dijo:“Todos los hombres son iguales.” Cuando escuche eso, puse toda mi atención a la joven, esa frase no la escuche como una queja, fue como una sentencia.
Y ahí entendí por qué me impactó tanto. No estaba escuchando una emoción pasajera, estaba presenciando el nacimiento, o quizá la confirmación de una certeza.
Creencias: las historias que heredamos sin darnos cuenta
Para mí, una creencia es una historia interna que aceptamos como verdad, aun cuando no siempre esté verificada por la realidad. Muchas de ellas no las elegimos conscientemente; simplemente las adoptamos.
Desde niños somos esponjas. Aprendemos del entorno, de lo que dicen nuestros padres, de lo que vemos en la televisión, de las conversaciones familiares, de los amigos, de experiencias que nos marcan. Con todo eso vamos construyendo reglas invisibles sobre cómo “funciona” la vida.
Y casi nunca nos detenemos a preguntar:¿por qué creo lo que creo?
Esas creencias definen lo que consideramos posible… y también lo que descartamos antes de intentarlo. Si esto es así, entonces nuestro mundo no es tan grande como pensamos: nuestro mundo es del tamaño de nuestras creencias.
Por eso vale la pena hacer una pausa honesta y preguntarnos:
¿Qué creencias siento que hoy suman a mi vida?
¿Cuáles, si soy sincero conmigo, me limitan?
¿Existe alguna creencia que me esté alejando de una relación de pareja?
¿Alguna que esté afectando la forma en que amo o me dejo amar?
Cuando la idea se vuelve ley: el territorio de las certezas
Aquí aparece algo aún más delicado (según yo): las certezas.
Una certeza ya no es una idea que puedo revisar. Es una verdad absoluta. No deja espacio a lo nuevo, no admite excepciones, no dialoga.
Una creencia puede decir:“Muchos hombres pueden ser infieles.”
Una certeza afirma:“Todos los hombres son iguales de infieles.”
Las creencias influyen en nuestras decisiones, pero las certezas dirigen nuestra vida.
Existen certezas que nos sostienen, que nos ordenan, que nos dan sentido. Pero también existen certezas que nos encierran en una “prisión invisible” y lo hacen de forma tan silenciosa que ni siquiera nos damos cuenta.
Suelen disfrazarse de identidad:“Yo soy así.”“Yo no nací para esto.”“Las cosas siempre han sido así.”
Cuando escucho esas frases, sé que no estoy frente a una opinión. Estoy frente a una frontera.
El pasado no es el futuro (aunque a veces lo confundamos)
Imaginemos esto: tuve una pareja rubia, alta, de ojos verdes, abogada. Esa relación termina en una traición. El dolor es real, la herida también.
Pero si a partir de ahí mi mente concluye que todas las mujeres con esas características traicionan, algo ocurre. Nace un nuevo paradigma y no estoy protegiéndome del dolor; estoy reduciendo mi mundo.
La próxima persona que aparezca con rasgos similares ya no es una posibilidad, es una amenaza.
Y aquí veo el verdadero peligro de las certezas: confundir una experiencia pasada con una ley universal.
Puedo estar equivocado, pero para mí el pasado no es igual al futuro. Cada persona representa un presente distinto. Cada vínculo es una historia nueva, si estamos dispuestos a no escribirla con tinta vieja.
Cuestionar libera, aunque sea incomodo.
En honor a la verdad, yo mismo me cuestiono constantemente, tengo muy pocas certezas y muchas preguntas. Sigo aprendiendo, sigo descubriendo creencias que me limitan, incluso algunas que juraba tener resueltas.
He aprendido que dudar de lo que creo no me hace menos firme, me hace más libre.
Cuestionarse no es perder identidad, es actualizarla.
El propósito de este artículo no es convencerte de nada. Es invitarte a mirar hacia dentro con valentía y curiosidad.
Tal vez, al revisar tus certezas, descubras una nueva posibilidad.Tal vez no cambie nada afuera, pero algo se mueva adentro.Y a veces, eso es suficiente para que la vida empiece a responder distinto.
Si esta reflexión tocó algo en ti, te invito a compartirla con alguien más.Quizá esa persona también esté viviendo dentro de una certeza que ya no le pertenece.



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