Es viernes.
Ambos terminaron una semana larga.
Están en casa.
Nadie quiere pensar demasiado.
Nadie quiere discutir dónde cenar.
Entonces aparecen los dados sobre la mesa.
Uno define el tipo de comida.
El otro agrega la sorpresa.
Mexicana.
Tailandesa.
Barbacoa.
O tal vez algo que ninguno esperaba.
De pronto la conversación cambia.
Empiezan a recordar viajes.
Restaurantes favoritos.
Antojos olvidados.
Historias que no contaban desde hace años.
Lo que parecía una cena cualquiera se convierte en un pequeño ritual compartido.
Uno de esos momentos que no se planearon, pero que terminan quedándose en la memoria.

